EL PAJARITO
Un pajarito estaba encerrado en su jaula
de oro.
Llegó el otoño y vio a los niños jugar a
tirarse hojas.
Llegó el invierno y los niños jugaron con
la nieve.
Llegó la primavera y los niños jugaron con
las flores.
Llegó el verano y el pajarito se escapó para jugar con el mar.
MARCELINO, PAN Y VINO
No siempre era cruel
Marcelino con los animales.
Más de una vez había ayudado
al viejo "Mochito" a cazar ratones.
"Mochito"
era el gato del convento, ya casi medio ciego y a falta de una oreja que perdió
cuando joven en terrible batalla con un perro. "Mochito"
era el gato del convento, ya casi medio ciego y a falta de una oreja que perdió
cuando joven en terrible batalla con un perro.
-No,
hombre, por ahí no- le decía Marcelino a "Mochito" cuando andaban
juntos de cacería. -No, hombre, por ahí no- le
decía Marcelino a "Mochito" cuando andaban juntos de cacería.
Bien
valiéndose de palos o de piedras para tapar los agujeros, Marcelino era una
valiosa ayuda para "Mochito". Bien valiéndose
de palos o de piedras para tapar los agujeros, Marcelino era una valiosa ayuda
para "Mochito".
BARCOS
DE PAPEL
Todos
los días echo mis barquitos de papel, uno tras otro, corriendo abajo. Llevan
pintado con grandes letras negras mi nombre y el nombre de mi pueblo.
Si
en la playa desconocida adonde llegue alguien los encuentra, sabrá quién soy
yo...
Mis
barquitos van cargados con flores del jardín de mi casa; y estoy seguro que
estos capullos cogidos al alba llegarán con bien a tierra por la noche.
UNA
SORPRESA PARA MAMÁ
Esta mañana mi hermano y yo
nos hemos divertido. Mamá había ido al mercado y tardaba.
Entonces Vicente y yo hemos
empezado a arreglar la casa.
Vicente ha traído un
cubo de agua para fregar; y yo he llevado las almohadas a las
camas después de sacudirlas bien.
¡Vaya sorpresa se ha llevado
mamá a su regreso!
LA FUENTE
Canta
que te canta, nos ha venido la sed.
Entonces
nos hemos metido por el bosque, para verde hallar una fuente.
Menos
mal que la señorita sabía dónde buscarla. Nosotros solos no la
hubiésemos hallado.
Es
pequeñita, está muy escondida y mana de ella un hilillo de agua tan
fino que apenas se oye.
Y
va deslizándose suavemente hasta encontrar un arroyuelo.
Yo
me sé una fuente; nadie la hallaría: oculta
en el bosque, al pie de una encina.
Si
cerca pasarais ella os llamaría; a mí me llamó, que no la sabía.
EL
CIRCO
El chico consiguió salir de su asiento y deslizarse entre los hombres a la
entrada del circo.
Echó a andar por el pasillo medio oscuro.
Se oían los aplausos y las voces de la gente y el restallar del látigo del
domador de leones.
Todo eso le gustaba mucho, pero lo que él quería era ver al
payaso.
Verlo de cerca, no desde la butaca y, si era posible, hablar con él.
Ya volvería después a mirar el espectáculo.
Llegó ante una puerta que estaba entreabierta y que tenía colgado un cartel
que ponía: "Señor payaso". El chico
suspiró.
LA CONFESIÓN DEL MEDIO TONTO
Una vez se estaba confesando
un muchacho, y cuando el confesor le preguntó si tenía algo que decirle sobre
el séptimo mandamiento, contestó el chico:
-Pues, me
acuso, padre, de que soy medio tonto.
-Bien,
hombre, bien; pero eso no es pecado; eso no es más que media
desgracia. Te pregunto si has cogido algo que no sea tuyo.
-Es que,
como soy medio tonto, en el tiempo de las eras aprovecho cuando no me ve el
vecino y cojo trigo suyo y lo pongo en la era de mi padre.
-Bueno,
¿y cómo no se te ocurre coger el trigo de la era de tu padre y llevarlo a la
del vecino?
Y
contestó el chico:
-Porque
eso sería ser tonto del todo.
EL
ELEFANTE
Dumbo era un elefantito muy
gracioso y juguetón. Su trompa era de un color gris-perla; la
más bonita trompa que jamás se ha visto.
Pero ¡ay! Sus orejas eran
tan grandes que le llegaban casi a las rodillas.
Por eso los otros elefantes
del circo se burlaban. Las burlas de sus compañeros le ponían
triste.
Entonces una ratita amiga le
animaba:
-No
llores; con esas orejas tú puedes volar...
-¿Por qué
no? -piaron las golondrinas.
Dumbo se subió al trapecio
del circo, extendió las orejas y se soltó.
¡Qué maravilla! ¡Dumbo
volaba!
¡Cómo le envidiaban ahora
sus grandes orejas los demás
elefantes!
LEALTAD A UN HERMANO
Uno de
dos hermanos que combatían en la misma compañía, en Francia, cayó abatido por
una bala alemana. El que escapó pidió autorización a su oficial para
recobrar a su hermano.
-Tal vez
esté muerto -dijo el oficial-, y no tiene sentido que arriesgues tu vida para
traer el cadáver.
Pero
ante sus súplicas el oficial accedió. Cuando el soldado regresó a las líneas
con su hermano sobre los hombros, el herido falleció.
-¿Ves?
-dijo el oficial-. Arriesgaste la vida por nada.
-No
-respondió Tom-. Hice lo que él esperaba de mí, y obtuve mi
recompensa. Cuando me acerqué y lo alcé en brazos, me dijo:
"Tom, sabía que vendrías, presentía que vendrías".
Y de eso
se trata, en síntesis: alguien espera un acto bello, noble y abnegado de
nosotros; alguien espera que seamos fieles.
MI MOCHILA
Esta es mi mochila. ¿Os gusta?
A mí me encanta.
Me la compró mamá el año pasado.
Como ves, es de color gris verdoso.
Las correas para sujetarla a la espalda son
de color marrón.
Las hebillas brillan tanto que parecen de plata.
En la bolsa mayor mamá coloca la comida, los cubiertos y
la servilleta.
En la parte de fuera hay dos bolsitas más pequeñas: una
es para el vaso irrompible, y la otra para el cuaderno y los lápices de
colores.
Es por si tengo que dibujar algo, ¿sabéis?
En el campo hay tantas cosas bonitas...
Pero ninguna tan bonita como mi mochila.
No sabría salir de excursión sin ella.
LA RANA Y LA CULEBRA
El hijo
de la rana brincaba en el bosque cuando vio algo nuevo en el camino.
Era una persona larga y esbelta, y su piel relucía con todos los
colores del arco iris.
-Hola
-dijo Niño-rana-. ¿Qué haces tirado en el sendero?
-Calentándome al sol -respondió esa otra persona, retorciéndose y
desenroscándose-. Me llamo Niño-culebra. ¿Y tú?
-Soy
Niño-rana. ¿Quieres jugar conmigo?
Así
Niño-rana y Niño-culebra jugaron toda la mañana en el bosque.
El
Niño-rana le enseñó a Niño-culebra a saltar y ésta le enseñó a arrastrarse por
el suelo y trepar a los árboles.
Después
cada cual se fue a su casa.
-¡Mira lo
que sé hacer, mamá! -exclamó Niño-rana, arrastrándose sobre el vientre.
-¿Dónde
aprendiste a hacer eso? -preguntó su madre.
-Me lo
enseñó Niño-culebra. Jugamos en el bosque esta mañana. Es mi nuevo amigo.
-¿No
sabes que la familia Culebra es mala? -preguntó su madre-. Tienen veneno en los
dientes. Que no te sorprenda jugando con ellos. Y que no te vuelva
a ver arrastrándote por el suelo. Eso no se hace.
Y desde
ese día, Niño-rana y Niño-culebra nunca volvieron a jugar juntos.
Pero a menudo se sentaban a solas al sol, cada cual recordando ese único
día de amistad.







2 comentarios:
Mil gracias, me sirven para compartir con mis colegas de la red educativa rural
Mis pequeños se sintieron muy contentos cuando les conté estés hermosos cuentos, me siento muy contenta.
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