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lunes, 27 de junio de 2016

PARA LOS PEQUEÑOS



EL PAJARITO
Un pajarito estaba encerrado en su jaula de oro.
Llegó el otoño y vio a los niños jugar a tirarse hojas.
Llegó el invierno y los niños jugaron con la nieve.
Llegó la primavera y los niños jugaron con las flores.
Llegó el verano y el pajarito se escapó para jugar con el mar.




MARCELINO, PAN Y VINO
No siempre era cruel Marcelino con los animales.
Más de una vez había ayudado al viejo "Mochito"  a cazar ratones.
"Mochito" era el gato del convento, ya casi medio ciego y a falta de una oreja que perdió cuando joven en terrible batalla con un perro. "Mochito" era el gato del convento, ya casi medio ciego y a falta de una oreja que perdió cuando joven en terrible batalla con un perro.
-No, hombre, por ahí no- le decía Marcelino a "Mochito" cuando andaban juntos de cacería. -No, hombre, por ahí no- le decía Marcelino a "Mochito" cuando andaban juntos de cacería.
Bien valiéndose de palos o de piedras para tapar los agujeros, Marcelino era una valiosa ayuda para  "Mochito". Bien valiéndose de palos o de piedras para tapar los agujeros, Marcelino era una valiosa ayuda para  "Mochito".



BARCOS DE PAPEL
Todos los días echo mis barquitos de papel, uno tras otro, corriendo abajo. Llevan pintado con grandes letras negras mi nombre y el nombre de mi pueblo.
Si en la playa desconocida adonde llegue alguien los encuentra, sabrá quién soy yo...
Mis barquitos van cargados con flores del jardín de mi casa; y estoy seguro que estos capullos cogidos al alba llegarán con bien a tierra por la noche.



UNA SORPRESA PARA MAMÁ 
Esta mañana mi hermano y yo nos hemos divertido. Mamá había ido al mercado y tardaba.
Entonces Vicente y yo hemos empezado a arreglar  la casa.   
Vicente ha traído un cubo  de agua para fregar; y yo he llevado las almohadas a las camas después de sacudirlas bien. 
¡Vaya sorpresa se ha llevado mamá a su regreso!


LA FUENTE   
Canta que te canta, nos ha venido la sed. 
Entonces nos hemos metido por el bosque, para verde hallar una fuente.
Menos mal que la señorita sabía dónde buscarla.  Nosotros solos no la hubiésemos hallado.
Es pequeñita, está muy escondida y mana de ella  un hilillo de agua tan fino que apenas se oye.
Y va deslizándose suavemente hasta encontrar un  arroyuelo.
Yo me sé una fuente; nadie la hallaría:  oculta en el bosque, al pie de una encina.
Si cerca pasarais ella os llamaría; a mí me llamó, que no la sabía.


EL CIRCO
El chico consiguió salir de su asiento y deslizarse entre los hombres a la entrada del circo.
Echó a andar por el pasillo medio oscuro.  
Se oían los aplausos y las voces de la gente y el restallar del látigo del domador de leones.
Todo eso le gustaba mucho, pero lo que él quería era ver al payaso.  
Verlo de cerca, no desde la butaca y, si era posible, hablar con él. 
Ya volvería después a mirar el espectáculo. 
Llegó ante una puerta que estaba entreabierta y que tenía colgado un cartel que ponía: "Señor payaso".  El chico suspiró. 

   
LA CONFESIÓN DEL MEDIO TONTO  
Una vez se estaba confesando un muchacho, y cuando el confesor le preguntó si tenía algo que decirle sobre el séptimo mandamiento, contestó el chico: 
    -Pues, me acuso, padre, de que soy medio tonto. 
    -Bien, hombre, bien; pero eso no es pecado; eso  no es más que media desgracia. Te pregunto si has   cogido algo que no sea tuyo.
    -Es que, como soy medio tonto, en el tiempo de las eras aprovecho cuando no me ve el vecino y cojo trigo suyo y lo pongo en la era de mi padre.
    -Bueno, ¿y cómo no se te ocurre coger el trigo de la era de tu padre y llevarlo a la del vecino?
    Y contestó el chico:
    -Porque eso sería ser tonto del todo.



EL ELEFANTE  
Dumbo era un elefantito muy gracioso y juguetón.   Su trompa era de un color gris-perla; la más bonita trompa que jamás se ha visto.
Pero ¡ay! Sus orejas eran tan grandes que le llegaban casi a las rodillas.
Por eso los otros elefantes del circo se burlaban.   Las burlas de sus compañeros le ponían triste.     
Entonces una ratita amiga le animaba:  
    -No llores; con esas orejas tú puedes volar...
    -¿Por qué no? -piaron las golondrinas. 
Dumbo se subió al trapecio del circo, extendió   las orejas y se soltó.  
¡Qué maravilla! ¡Dumbo volaba!   
¡Cómo le envidiaban ahora sus grandes orejas los demás elefantes! 


          
LEALTAD A UN HERMANO
    Uno de dos hermanos que combatían en la misma compañía, en Francia, cayó abatido por una bala alemana. El que escapó pidió autorización a su oficial para recobrar a su hermano.
    -Tal vez esté muerto -dijo el oficial-, y no tiene sentido que arriesgues tu vida para traer el cadáver.
    Pero ante sus súplicas el oficial accedió. Cuando el soldado regresó a las líneas con su hermano sobre los hombros, el herido falleció.
    -¿Ves? -dijo el oficial-. Arriesgaste la vida por nada.
    -No -respondió Tom-. Hice lo que él esperaba de  mí, y obtuve mi recompensa. Cuando me acerqué y lo  alcé en brazos, me dijo: "Tom, sabía que vendrías, presentía que vendrías".
    Y de eso se trata, en síntesis: alguien espera un acto bello, noble y abnegado de nosotros; alguien espera que seamos fieles.



        MI MOCHILA
    Esta es mi mochila. ¿Os gusta?
    A mí me encanta.
    Me la compró mamá el año pasado.
    Como ves, es de color gris verdoso.
    Las correas para sujetarla a la espalda son de   color marrón.
    Las hebillas brillan tanto que parecen de plata.
    En la bolsa mayor mamá coloca la comida, los cubiertos y la servilleta.
    En la parte de fuera hay dos bolsitas más pequeñas: una es para el vaso irrompible, y la otra para el cuaderno y los lápices de colores.
    Es por si tengo que dibujar algo, ¿sabéis?
    En el campo hay tantas cosas bonitas...
    Pero ninguna tan bonita como mi mochila.
    No sabría salir de excursión sin ella.



        LA RANA Y LA CULEBRA
    El hijo de la rana brincaba en el bosque cuando  vio algo nuevo en el camino. Era una persona larga  y esbelta, y su piel relucía con todos los colores  del arco iris.
    -Hola -dijo Niño-rana-. ¿Qué haces tirado en el  sendero?
    -Calentándome al sol -respondió esa otra persona, retorciéndose y desenroscándose-.  Me  llamo Niño-culebra. ¿Y tú?
    -Soy Niño-rana. ¿Quieres jugar conmigo?
    Así Niño-rana y Niño-culebra jugaron toda la mañana en el bosque.  
    El Niño-rana le enseñó a Niño-culebra a saltar y ésta le enseñó a arrastrarse por el suelo y trepar  a los árboles.
    Después cada cual se fue a su casa.
    -¡Mira lo que sé hacer, mamá! -exclamó Niño-rana, arrastrándose sobre el vientre.
    -¿Dónde aprendiste a hacer eso? -preguntó su madre.
    -Me lo enseñó Niño-culebra. Jugamos en el bosque esta mañana. Es mi nuevo amigo.
    -¿No sabes que la familia Culebra es mala? -preguntó su madre-. Tienen veneno en los dientes.  Que no te sorprenda jugando con ellos. Y que no te  vuelva a ver arrastrándote por el suelo. Eso no se  hace.
    Y desde ese día, Niño-rana y Niño-culebra nunca  volvieron a jugar juntos. Pero a menudo se sentaban a solas al sol, cada cual recordando ese único día  de amistad.    



2 comentarios:

Unknown dijo...

Mil gracias, me sirven para compartir con mis colegas de la red educativa rural

Anónimo dijo...

Mis pequeños se sintieron muy contentos cuando les conté estés hermosos cuentos, me siento muy contenta.